Nuestra misión es simple y concreta: acercar el café de especialidad a quien quiere entender qué pasa dentro de la taza. No alcanza con describir un sabor; hace falta poder explicar por qué aparece. Por eso cada clase se apoya en la práctica con balanza y cronómetro, y en la observación de variables que casi nunca se controlan en casa: el tamaño de la molienda, el tiempo de extracción y la temperatura del agua.
Los talleres están pensados para baristas principiantes y para aficionados que ya preparan café en casa y quieren ordenar lo que hacen. Trabajamos en grupos reducidos de ocho personas, los sábados por la mañana, y cerramos cada encuentro con una degustación guiada de tres orígenes. La idea no es memorizar recetas, sino aprender a leer lo que se siente en la boca y ajustar la preparación con criterio.
Preferimos hablar de práctica antes que de resultados: lo que cada persona se lleva es una forma de mirar el café, no una promesa. Enseñamos lo que efectivamente probamos en la barra, con los lotes que tenemos delante y con las herramientas que cualquiera puede usar en su cocina.
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